sábado, 11 de octubre de 2014

El atraco en Colombia

Colombia – noviembre de 1997

Estaba trabajando en Atlanta para una empresa de consultoría llamada SEMA Group. Me encargaba de una parte del programa de facturación de telefonía móvil en una época en que en España casi nadie tenía móviles. Lo que hacía era dar soporte sobre el módulo NPI (no es lo que piensas, significaba Network Provisioning Interface) que básicamente es dar de alta, baja y modificar la configuración de los teléfonos de los clientes de Comcel (empresa de telefonía en Bogotá).

 

Desde la oficina en Atlanta estaba en contacto con algunas personas de Comcel y cuando había una incidencia intentaba ayudar a solucionarla. Así que como tenía ganas de hacer una visita in situ preparé a mi jefe una lista de cosas que podría hacer si fuese a Bogotá unos días. Mientras mi jefe se lo pensaba, me dió tiempo de jugar un par de partidos de fútbol con el equipo con el que jugaba por aquella época: el Arsenal de Atlanta. Suena muy bien, pero no teníamos ni campo ni vestuario. Jugábamos normalmente en campos de césped, correctos pero no más. 
Después de que mi jefe lo consultase con Comcel, dieron luz verde a mi viaje. Así que   haciendo escala en Miami partí destino Bogotá. Fue un viaje muy agradable, con vistas fantásticas de la costa de Florida. La cosa no empezó muy bien, pues me perdieron el equipaje. Suerte que llegaba un viernes y se podía ir en vestimenta informal (casual day). Para el lunes ya habría recibido mi maleta o tenido tiempo de comprar más ropa.
En el aeropuerto abrían todas las maletas pero no miraban nada. Puro trámite. Llegué en taxi al hotel “Victoria Regia”, taxi que no paraba en un semáforo en rojo ni que lo mataran. “Él sabía lo que hacía”. La ciudad parecía desolada. Ya me habían dicho que era peligroso salir de noche. En algunas zonas había soldados armados en las esquinas. 
Llegué tarde al hotel y justo a tiempo de ver a mi compañera de empresa bilbaína Leyre. Al día siguiente volvía a Atlanta y me debía poner al día de algunos detalles del trabajo. 
En Comcel me recibieron muy bien. Conocí en persona a mi contacto “José Ricardo Rodriguez” a quien cada vez que llamaba por teléfono me decía lo mismo:
- Tengo un procesiiito que no funciona...
- ¿Qué habéis tocado en los últimos días José Ricardo??
Me llamaba Sherlock Holmes....descubriendo porqué su sistema fallaba. Casi siempre era a causa de algo colateral que habían cambiado, pocas veces por un error del sistema. Daban de alta muchos teléfonos en oferta y luego tenían prisa en desconectarlos pues muchos de los clientes no los podían pagar...
Pasé unas dos semanas en Comcel. Cada día me acompañaban a comer en restaurantes de la zona la magnífica comida Colombiana. El churrasco me encantaba, mejor en los chiringuitos que en los restaurantes. Recuerdo uno de la carrera 14-A. Trabajaba en un pequeño cubículo y el día pasaba volando. Por la tarde al salir del trabajo iba a diferentes lugares de Bogotá a conocer la ciudad y su gente. 
Fuí al circo, al cine (vi “El día de la bestia, con la gente pasándoselo en grande con la película”, Novechento, etc). Entremedias me tocaba cambiar dinero en casas de cambio. Por la noche buscaba lugares donde salir de fiesta y bailar salsa. Un año antes había estado en Londres y había hecho un curso de baile con una profesora colombiana. Era hora de practicar. El hotel estaba en la zona rosa, pero en aquella época todo debía cerrar a la una de la madrugada. Un poco pronto para mi gusto...
Le pedí a un taxista dónde ir de fiesta. Me dijo de ir a la zona de la ladera que bordea Bogotá al Este. Lo que quería era llevarme pues luego no había casi nada...aunque creo que fuí el día equivocado. Me volví al hotel con el mismo taxi y me fuí a otro sitio con salsa que me habian comentado: Rumbavana, cerca de la avenida Pepe Sierra. Un señor, sólo al verme pasar, me dijo que sin pareja no podía entrar. Igualmente parecía desierto! Me pasó lo mismo en otros sitios de la misma plaza, aunque en algunos sí parecían interesados los porteros en que entrara. En resumen: otro día que me volvía a casa sin diversión. 
El jueves siguiente volví a dar palos de ciego. Confiaba en que el viernes la cosa mejorara. Cogí un taxí a La Calera, dónde ya había ido el miércoles y estaba bastante mejor. Me comí un pincho y un chorizo en un chiringuito y como no me convenció me volví al hotel.




  


  
El sábado, por lo que me había contado la gente, ya sólo me quedaba un sítio dónde ir: como en la ciudad ya lo había probado todo tenía que salir a Chía. Allí ya no cerraban a la una. Quízás todo el mundo se fuese allí en coche y por eso Bogotá estaba pronto desierto, podía ser la zona de moda. Había que ir, no tenía nada que perder. ¿O sí?  En el hotel me habían dicho que en taxi me costaría unos 22.000 pesos , así que me fuí para allá. Dónde me dejó no era ni un pueblo ni nada, era una carretera de mierda mal asfaltada en medio de la noche. Por lo menos tuvo el detalle de decir al portero que aunque fuese solo me dejasen entrar “porque el señor es español”.  Luego me enteré que el pueblo tenía la entrada unos Km antes y había otros sitios dónde ir. Pero si se suponía que el taxista me dejó en el mejor sitio de la zona!!! Es lo que le había pedido!! Dentro me dijeron que no había comida, así que salí a cenar algo en un chiringuito de la puerta. Hacía frío y sólo llevaba un polo de manga larga. El portero llevaba un poncho viejo. Acabé rápidamente de comer y volví dentro. El sitio estaba muy bien: era como una casa rural, bien grande, una buena pista de baile, gente bailando y varios grupos de gente sentados. La música era buena pero era aburrido si ibas solo. Intenté bailar con una chica pero a la media canción me dejó por bailar mal (o por preferir bailar con otro). Que me devuelvan el dinero de las clases de salsa!! Pronto me aburrí y me fuí. Caminé unos 500 metros hacia atrás en la carretera a otro sitio (“El toldo”) que había visto desde el taxi. Resultó muy parecido al anterior. En una hora estaba aburrido. Busqué otros bares pero no encontré nada y hacía frío. Volví a preguntar al portero del primer lugar dónde había estado y me dijo de una disco pero según él ya estaría cerrada. O cogía otro taxi a otra zona de Chía o al hotel. ¿Cómo volver? Mi taxi se había ido y no había más. Estuve esperando en la carretera de mierda un buen rato y no pasaba nadie. Al rato llegó un taxi, le hice señales y a pesar de llevar ya 3 pasajeros se paró. El taxista me preguntó a dónde iba. Yo quería seguir buscando en Chía pero el taxi iba a Bogotá, así que tuve que volverme o seguir esperando taxi en el frío. No me gustó mucho la idea de meterme en ese coche viejo con más gente. ¿Precio? Sólo 3000 pesos! La ida, aunque iba solo, fueron 22.000! Demasiado barato! Me senté en el asiento del copiloto.
Sólo uno de detras con bigote de unos 35-40 años hablaba sin parar. Era simpático y decía que Bogotá nunca duerme. Yo estaba ya aburrido y con la cerveza y el cubata que había tomado tenía sueño, así que casi ni presté atención al hecho de que el taxista parara y se pasara al asiento de atrás. Uno de los otros tomó el volante. Al poco tiempo me dijeron a mi de pasar detrás. Hice que no lo entendía pero el nuevo chofer me enseñó un revolver brillando entre sus manos. Entonces sí me cambié de sitio. Detrás en el asiento de enmedio. Chungo. Me cachearon sin encontrar nada interesante, excepto el estuche de las lentillas que tuve que enseñarles. Aquel día había salido sin el spray de autodefensa que tenía. Suerte. Me pidieron el dinero y les di unos 40.000 pesos, (unos 40 dólares) que llevaba en el bolsillo derecho de detrás de los tejanos. Enseguida les saqué 5.000 pesos más de otro bolsillo para que no me registraran más. No quería que encontraran la tarjeta de crédito que llevaba en un calcetín con el dni y 20 dólares para emergencias. Pronto vieron pasar un autobús y salieron corriendo, revolver en mano, a ver si llegaban a asaltarlo. El taxista se quedó.
- ¿No estabas con ellos?
- Qué va, si me querían robar el taxi pero cuando pasaron delante no supieron encenderlo. Está viejo y tiene truco. Suerte pues es mi forma de vida. Y los hijos de puta me han robado el revolver, que son unos 500.000 pesos.
- Joder
- Desde que los cogí lo sospechaba, por eso llevaba el revolver entre las piernas. Suerte que el coche no arrancó. Sino se lo llevan y nos pegan un tiro a los dos. Cuando me pasé detrás me estaba apuntando con otro revolver a través del asiento, pero tú no lo viste. Al pasar detrás me quitaron el mío.
- hostia!
- Lo siento mucho. Ya lo sospechaba cuando me dijeron de ir a Cajica y luego cambiaron de idea para ir a Bogotá. Por eso aunque no querían paré para recogerte en la carretera.
“Será cabrón, quería que fuésemos 2 contra 3!”
El taxista temblaba y estaba muy nervioso. 
“Suerte que le vieron rápido el revolver. Sinó se monta un tiroteo dentro del taxi!”
- ¿Necesitas dinero?
- No, déjame en Bogotá dónde te diga pero no podré pagarte.
No quería que me llevara al hotel, pues era de 5 estrellas y sería peor que lo supiera. Nunca se sabe...
- Es lo menos que puedo hacer. 
Era taxista de un pueblo y no conocía bien Bogotá. Yo lo tuve que guiar para llegar. 
Me contó que ya le había pasado algo parecido y que había tenido que diparar a un tío una vez. 
- Hoy hemos tenido suerte
- Qué bien se ha portado mi coche bendito al no arrancar...

Ya no me quedaba un peso así que tuve que mal cambiar algunos dólares en el hotel y el domingo me fuí a hacer footing y luego a comer cerca de mi trabajo. Por la tarde al cine. 
Tenía que reconocer que tenían razón los que decían que era peligroso salir de noche. A partir de ahora había que tener un poco más de cuidado. Durante la semana organicé mi viaje de vuelta. Iba a ir a Cartagena a pasar el fin de semana en qué cumplía 30 años. A ver si otro día os cuento esa historia, que fue muy divertida.

2 comentarios:

  1. Joder Kico si et poses a explicar les teves aventures en tens per uns quants mesos!

    De totes maneres em sembla molt bona idea.

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  2. Gràcies, Joan. Si esperes prou ja et faré sortir a quelque episodi!
    Una abraçada,
    Kico

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