Cuando uno va de viaje a un país con diferente moneda, pierde temporalmente la noción del precio de las cosas. No sabes si algo es caro o barato hasta que pasan unos días. Durante ese tiempo, ya te pueden haber estafado varias veces. Además, dependiendo de dónde y cómo cambies el dinero, habrás hecho un buen o un mal negocio.
El cambiar de dinero lo encuentro una de las partes más divertidas de un viaje. Sobre todo si estás en un país "barato", ya que si es caro y haces un mal trato pierde toda la gracia.
En países dónde la moneda está muy devaluada, se habla de "hard money", moneda fuerte - Dólar o Euro normalmente-, y "soft money" para la moneda local. Es el caso actualmente de Venezuela, pero también lo era en los países del Este cuando viajé por ahí (Polonia, Checoslovaquia, Rusia, etc). En estos países, lo normal es que haya un cambio oficial en el banco y un "mercado negro". Cuando la gente ve que su moneda pierde valor día a día, intenta salvar sus ahorros cambiándolos a dólares o Euros. Es normal que en estos países haya restricciones para comprar divisas extranjeras, por lo que se suele recurrir al mercado negro.
Recuerdo que cuando fui a Polonia en el 89, en el transcurso de un més me llegaron a pagar el doble de Slotis! por la misma cantidad de dólares. Es una diferencia brutal. Era conveniente cambiar poco a poco, pues cada día te salía más barato comprar lo que fuese. Lo mismo suele suceder ahora en Venezuela. Desgraciadamente, lo que va siendo barato para tí va encareciendo los productos importados a los locales del país, que con esas inflaciones acaban en la miseria.
Otra cosa curiosa que ocurre, es que no hay monedas o son inservibles. Culpa de la inflación, las monedas no tienen ningún valor práctico y uno se mueve con fajos de billetes. Pagas con billetes (a veces muchos) cosas de consumo diario. Recuerdo haber salido de una casa en Moscú con un fajo de Rublos de al menos un palmo de ancho. Y luego se gasta rápido.
A veces, sí necesitas monedas. Por ejemplo, para las consignas en las estaciones de trenes. Recuerdo cuando estuve varias veces en Tallin en el año 92, no habían actualizado el precio que se pagaba por dejar la mochila y necesitabas una moneda de unos pocos Kópeks que no valía nada pero que era imprescindible en las consignas.
Si algún día has de ir a cambiar dinero negro, te será muy fácil. Normalmente en dónde llegan extranjeros (aeropuertos, estaciones de trenes) se aborda a los turistas y se les dice al oído "change money, change money". Lo primero que a uno se le ocurre es salir corriendo, pues al llegar llevas dinero encima. Lo importante, no obstante, es saber si quieres o no cambiar y a cuanto está el cambio ese día. Puede incluso cambiar mucho entre diferentes ciudades. En Venezuela se suele pagar algo más en Caracas que en otras provincias venezolanas. Oferta y demanda. En Caracas hay más extranjeros que venden Euros y Dólares. En caso de no encontrar a nadie para cambiar, yo lo que hacía era ir con el plano o mapa más grande que tuviese, abanicarme con él de forma bien visible y rápidamente aparecía alguien. Si no se habla el idioma del país, suele ser bueno llevar una calculadora vieja para escribir la cantidad a cambiar y el cambio. Hay que saber regatear e ir con mucho ojo. Siempre hay un riesgo de ser atracado: mejor no ir solo ni con cara de pardillo. También hay que conocer los billetes del país. Era normal encontrar billetes con varios ceros pintados "a mano" que te los intentaban colar.
Para finalizar os contaré una anécdota que me sucedió en Colombia, creo que en Cartagena de Indias. Por suerte tenía una de mis primeras guías Lonely Planet y explicaba cómo timaban a los turistas. Cuando me lo intentaron hacer los pillé.
Iba a cambiar 100 dólares y en una calle bastante transitada me puse de acuerdo en el cambio rápidamente. Siempre hay que pagar lo último. El chico contó todo el fajo que me iba a dar. Correcto. Me lo dio y me dijo de volver a contarlo. Lo hice y todo correcto. Luego, para mi sorpresa, me lo coge y lo vuelve a contar (ahí es dónde se guarda una parte). Luego ya insiste en coger los dólares, darme el fajo y despedirse. Como lo sabía por la guía, lo volví a contar. No hace falta, no hace falta, decía. ¡Ya lo hemos contado 3 veces! Seguí contando y le mostré que faltaba casi la mitad del dinero. Lo mandé a la mierda y me fui a cambiar al banco. La diversión se había acabado.
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sábado, 16 de mayo de 2015
jueves, 23 de octubre de 2014
Cómo entrar en Rusia sin visado
Moscú, agosto
de 1992
Bien, eso fue lo que recordé unos meses después, en agosto, cuando no me daba tiempo de pedir el visado para Rusia en su embajada de Estocolmo. No conseguí pasaje en el crucero que iba a San Petersburgo (en el que no hacía falta visado, te lo daban en el barco para pasar el día y volver a dormir al barco). En la embajada sólo hablaban Sueco y Ruso. Suerte de mis lecciones de Sueco en IBM: ya me empezaba a desenvolver en conversaciones sencillas. Fue suficiente para intentar sacar el visado, aunque sin éxito.
Plan B: visado para Lituania (como en abril con mi amigo argentino). No recuerdo porqué pero ese si era rápido de conseguir. La idea sería ir a Estonia y luego ya veríamos si iría hacia Lituania (como se suponía con mi visado) o nos colaríamos en Rusia...
Primero fuimos a Helsinki con los magníficos barcos de Sjlia Line. Como un crucero pero haciendo un trayecto de una noche y a precio de saldo si decías que eras estudiante de AIESEC (como IAESTE pero para estudiantes de económicas). Como no pedían comprobante dijimos que lo éramos y 75 % de descuento!
Pasamos un día en Helsinki y luego barco a Talin (capital de Estonia). Talin ya lo conocía de mi viaje anterior y hasta sabía como funcionaban las consignas de la estación: con los céntimos de Rublo (kopecs). No valían nada ni en aquella época, pero había que tener algunas para dejar el equipaje. Visita a la ciudad medieval durante el día y a dormir en el tren a Moscú, con litera por supuesto. Una diferencia con mi viaje de unos meses antes fue que ya tenían su moneda propia: coronas Estonianas.
¿Cómo compraba el billete de tren con litera? Apuntaba en una libreta el número del tren y pintaba un muñeco dormido en una cama. Funcionaba!
Noche movida en el tren, aunque empezó bien. Trenes muy puntuales, limpios y dónde siempre te ofrecían una copa de té. No llevábamos visado para Rusia (un año antes aún era la URRS). Pasaron los policías de Estonia. Todo bien, llevábamos visado de tránsito hacia Lituania. ¿Es que no vieron que el tren iba a Moscú o les dio igual, juajua! Cierran la puerta del compartimento. Vuelven a abrir. ¿Quién será? ¿Ya llegan los policías rusos? Ahora viene la emoción, a poner los 10 dólares. Nooo, son otra vez los policías estonios por una pregunta tonta. Se van, pasan los minutos, estamos en Rusia y no ha habido control ruso. Toma ya! Hemos entrado!
No fuimos conscientes del riesgo hasta unos días después. Casi me roban el pasaporte pues en la calle me abrieron la mochila que llevaba paseando por Moscú. Si me lo llegan a perder en la embajada me hubiesen pillado que no tenía el visado en orden. Una suerte no perderlo!
Moscú fue fantástico. Recuerdo llegar a la Plaza Roja con la piel de gallina. Vimos el mausoleo de Lenin, la catedral de San Basilio, el Kremlin, etc. También recuerdo subir a una de las torres estalinistas de Moscú como la de la foto adjunta.
Como no teníamos Rublos tuvimos que ir a cambiar moneda. Como antes en mis tiempos de Polonia, al mercado negro. De una casucha salí con un fajo enorme de billetes que era espectacular pero no valía casi nada.
En el tren conocimos un cubano que vivía en Moscú. Países de la órbita soviética solían enviar estudiantes primero a la Unión Soviética y luego a Rusia. Como hablaba español se ofreció hacernos de guía por un precio barato. Además nos ofreció su habitación en la residencia de estudiantes dónde vivía. Nada del otro mundo pero muy interesante ya que era como vivía la gente de allí. Todo el mundo nos trató fantástico. Las estaciones de tren, sobre todo al llegar eran demoledoras: llenas de personas tullidas pidiendo dinero. Gente que había estado en la guerra de Afganistán unos años antes.
Una vez visto Moscú, tren de noche a San Petersburgo. Una ciudad realmente maravillosa.
Unas semanas después mi amigo argentino también fue a Moscú aunque en vez de pillar visado para Lituania y siempre estar en tránsito hacia allí, lo hizo para Estonia. A la vuelta de Rusia no fue válido su visado pues era de una única entrada y se pasó una noche realmente mala sacándose otro visado para entrar en Estonia. Según sus palabras, el diccionario Español-Ruso que le dejé le salvó la vida...
Un año después, ya en Menorca, vi un artículo en el diario en el que hablaba que la frontera de Rusia con Estonia era un coladero y que tenían que poner medidas. Tengo el recorte con el álbum de fotos! Yo fui uno de ellos.
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